Pasaron ya los días gloriosos –TRANSIT GLORIA MUNDI- en los que por vuestras responsabilidades como Hermanos Mayores acaparabais la atención y la cercanía de la mayoría de los hermanos, sabedores de que tan alto prestigio, como encabezar una Junta de Gobierno, sólo es dado a un reducido grupo de trinitarios, que además deben ser los primeros en servir y atender a los demás, muestra de amor a la Hermandad y el máximo honor de representarla dentro y fuera de la misma. Transcurrieron los protocolos inherentes al cargo, para ti, Juan, ya hace muchos años aunque aún te recuerden los más veteranos; Pepe, en tu caso no has podido siquiera culminar esta etapa que asumiste con tanta ilusión y desvelo. Para ambos se ha cerrado el trascendental capítulo de vuestras vidas terrenas, los avatares lejanos o cercanos de la programación y desarrollo diario de la vida de la Hermandad, no siempre comprendida ni compartida, pues nuestra condición humana nos hace volubles a situaciones y circunstancias a las que solemos dar más importancia de la debida; olvidamos con frecuencia que ante todo está el AMOR a nuestros hermanos. Ahora ya habéis entrado – estamos plenamente seguros – en la Gloria que tanto hemos oído predicar, en el estado eterno de contemplación constate de la divinidad del Padre, del Hijo Jesucristo y del Espíritu, que han conformado nuestra fe desde nuestra formación catequética y, sobre, todo, desde nuestro bautizo de hermandad, como trinitarios. No es necesario que sigáis creyendo en la Esperanza, porque la tenéis con vosotros, tal vez no muy distinta a como la solíais contemplar cada día en nuestra capilla, por ello os resultará totalmente familiar.
De vosotros, Pepe y Juan, nos va a quedar por siempre el afecto, la amistad y los días de vida comunitaria, el recuerdo familiar y la proximidad de unos hermanos que han sabido llenar de contenido este término tan vacío muchas veces. Pervivirá vuestro ejemplo de hermanos trinitarios, de cristianos verdaderamente comprometidos con la fe que proclamabais y renovabais en el juramento anual. Atesoraremos con nosotros, hasta el día de nuestro reencuentro, la relación fraterna que nos ha unido y nos hizo tener unos sentimiento fraternos y que perdurarán por siempre. Y seréis, ante todo, un verdadero ejemplo para cualquiera que desee ser hermano trinitario y llenar su vida del gozo y la Esperanza que está libre y responsable decisión conlleva.Gracias por vuestra entrega y por el amor que mostrasteis hacia la Hermandad.
Estas palabras fueron escritas por Juan José Morillas Rodríguez fueron dedicadas a Juan González Fernández que fue antiguo Hermano Mayor de la Hermandad de la Trinidad y también a nuestro Hermano Mayor más reciente de la Hermandad de la Trinidad, José Gómez Luque que falleció también recientemente. Van dedicadas estas palabras por el trabajo que han hecho, para hacer lo que es nuestra Hermandad hoy día. Muchas Gracias.
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